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Número 22 · 31 de octubre de 2026

Hoy vas a trabajar rodeado de monstruos.

Aquí tienes el Bodanomicón: La guía oficial para reconocerlos.

Hola,

hoy es Halloween.

Y cae en sábado.

Sábado, de boda.

Así que hoy, mientras media España se disfraza de monstruo, tú te vas a pasar el día rodeado de ellos.

Y no me refiero a los niños disfrazados pidiendo caramelos.

Ni a los adolescentes con un disfraz improvisado saliendo de fiesta.

Me refiero a esos monstruos que puedes encontrar en cada boda.


El Bodanomicón: la guía oficial de monstruos de boda.

Los has visto todos.

Alguno, esta misma temporada.

El Vampiro.

Aparece en la boda cuando abre la barra libre.

No lo has visto en todo el día.

Y a las cinco de la mañana sigue pidiendo «la última».

Que ya es la cuarta última.

Sangre no bebe. Bebe gin-tonic. Pero deja seca la barra.

Cómo librarte: el ajo no funciona. Lo único que le espanta es la luz. Que alguien encienda las luces del salón y verás cómo se desintegra.

El Hombre Lobo.

Toda la boda tranquilo, con su corbata y su sonrisa.

Hasta que suena “Potra salvaje”.

Entonces se transforma.

Su Luna Llena es la bola de discoteca.

Y la corbata terminará en su frente.

Cómo librarte: balas de plata no hay (y estaría feo asesinar a alguien). Tú solo no te cruces en su camino cuando empiece la conga.

El Fantasma.

Te pide presupuesto.

Te dice que le encanta tu trabajo.

Y no se le vuelve a ver nunca más.

Doble check azul. Y silencio.

Tú, como Nicole Kidman en Los otros: «¿Hay alguien ahí?».

Los jóvenes lo llaman ghosting.

Cómo librarte: no hace falta, ya se ha ido solo. ¿Y a quién vas a llamar? A él no, que no lo coge.

Chucky.

Tiene seis años, lleva las arras y una sonrisa angelical.

Durante la ceremonia.

Después se toma tres trozos de tarta y dos refrescos.

Es el terror de cualquier mesa dulce.

De repente ya no es un niño.

Es un muñeco diabólico con las pilas recién cargadas, aunque sean las 02:30 de la madrugada.

Cómo librarte: nómbralo tu ayudante oficial. Dale una tarea importantísima, como vigilar que nadie toque nada. Nada desactiva antes a un niño que darle trabajo.

El Hombre Invisible.

Confirmó que venía.

Tiene su silla, su nombre en la minuta y su menú.

Nadie le ha visto.

Cómo librarte: no se le puede ver, pero se le puede cobrar. Todo lo confirmado, se paga. Venga o no venga.

Frankenstein.

Este no es una persona.

Es el tablero de Pinterest de la pareja antes de contratar una Wedding Planner.

Varios vestidos de novia, 10 flores distintas, imágenes irreales de fincas dignas de un cuento de hadas.

Todo, con un presupuesto mínimo.

Cosido a trozos. Y te lo enseñan con la misma ilusión que el doctor Víctor Frankenstein: «¡Está vivo!».

Cómo librarte: no le digas que no. Pregunta cuál es la foto que más les gusta. Las otras cuarenta se descosen solas.

El Zombi.

Eres tú.

El domingo de madrugada, después de tres bodas en una semana.

Arrastrando el equipo hasta el coche.

No hablas. Gruñes. Y no buscas cerebros: buscas unos churros que te alegren un poco.

Cómo librarte: calma. Mañana empieza noviembre, y con él, la temporada baja.


Ah, me olvidaba del más terrorífico de todos: el Cuñado.

Sale en todas las bodas.

Y cambia de forma según a quién tenga delante.

Al fotógrafo: «Yo con el móvil las hago igual».

Al DJ: «Mi primo pincha y nos sale gratis».

A la florista: «Cuatro flores arrancadas del campo salen mejor».

A la finca: «¿Y no podemos traer nuestra bebida?».

Y a la wedding planner: «¿Y tú exactamente para qué estás?».

Cómo librarte: la ciencia aún no ha encontrado la manera. Es inmortal. Sobrevive a todas las bodas y vuelve en cada celebración: cumpleaños, comuniones, bautizos, la cena de Nochebuena, la de Nochevieja y la barbacoa anual.


Que hoy sea una boda sin monstruos.

Y si ves alguno,

ya sabes identificarlo y qué hacer para salvarte de él.

¡Feliz Halloween!

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