Número 12 · 29 de septiembre de 2026
Tengo que disculparme. Me he olvidado de tu nombre.
Y el sábado pasado no fui el único.
Hola,
Sé que te he dicho que no recuerdo tu nombre, pero, como ves, es mentira.
La realidad es que quien no recuerda tu nombre es la finca de la boda del sábado pasado.
Te dijeron dónde aparcar, te dieron de comer y te dijeron adiós.
Diez horas dentro de su casa.
Y hoy, cuando una pareja les pide que le recomienden a alguien, dicen otro nombre.
La comida de proveedores
Te sientan en una mesa aparte con el DJ, la wedding planner y el chico del vídeo.
Y a la vuelta del pasillo hay una persona de esa boda que te puede traer trabajo el año que viene.
No son los novios. Es quien lleva la finca.
Pero no lo harán porque no te has presentado.
Entra en su Instagram
Ábrelo ahora, que no tardas nada.
Vas a ver fotos del salón montado para un banquete, del jardín decorado para la ceremonia, del cóctel al atardecer...
Incluso un reel superdivertido de la pista de baile.
Ahora dime: ¿todo eso quién crees que lo ha hecho?
Podrías ser tú.
Esa cuenta la siguen parejas que todavía están buscando dónde casarse, así que cada foto tuya que suban es publicidad gratis delante de justo la gente que te interesa.
«¿Quién lleva aquí lo de los recomendados?»
Este sábado tienes otra boda.
Antes de irte, busca a quien lleve la finca ese día. La coordinadora, el maître, quien sea.
Y suéltale esa frase tal cual, sin adornos y sin currículum.
El lunes le mandas algunas fotos del sitio.
Y les pides una sola cosa: que te etiqueten.
Es lo único que vas a pedir en toda la operación.
Con eso te llevas dos: tu nombre debajo de sus fotos, delante de parejas que están mirando fincas.
Y como has quedado bien, vas a estar en la cabeza de quien contesta cuando una pareja pregunta a quién llamar.
Tardas dos minutos antes de irte.
Y puedes ganar muchas bodas.
Esto salió por correo antes de acabar aquí. Si lo quieres recibir a la vez que todos los demás, apúntate.